Cuando nos sentamos a plantear un nuevo trabajo en nuestro estudio siempre tenemos en mente un objetivo, crear algo que sea capaz de captar la atención del público al que va dirigido.

Es aquí donde el diseño toma el papel más importante, pues aquello que no entra por el ojo es desechado de nuestra mente casi de forma instantánea. Pero tenemos que tener en cuenta que no todo es el envoltorio o la primera impresión, si queremos que nuestro producto sea usado tenemos además que ofrecer un contenido acorde a lo que esperamos de él.

Este binomio, podría ser la receta perfecta para un producto estrella, pero no siempre es así. Desde el punto de vista del diseñador, es fundamental zambullirse en la funcionalidad final del producto. Esta funcionalidad debe ser entendida como su impacto y aplicación en nuestras vidas. El cómo esa aplicación o ese item va a sernos útil de manera real.

Si hubiera tenido la oportunidad de elegir, hubiera sido algo distinto a un creador de objetos de regalo en Navidad. Me hubiera encantado ser un científico o un compositor. Hubiera elegido algo que encaje en la gran historia de nuestra evolución”Phillipe Stark

Después de muchos proyectos, hemos comprobado que lo importante es centrarse en el usuario, centrarse en el consumidor o cliente final, pues al fin y al cabo será él el que utilice el producto, hay que crear productos que además de todo lo anterior (diseño funcional y atractivo) cuente con algún tipo de utilidad para el usuario, que haga práctico el producto.

Estudiar al público es el primer paso para diseñar un buen producto. Para ello es necesario saber a quién vamos a dirigirlo, en esta fase es interesante contar con datos estadísticos. Así, al disfrazarnos de sociólogos podemos obtener una amplia información sobre nuestros futuros clientes. Es Imprescindible, además, no dejar de lado las necesidades que estos puedan tener.  Al fin y al cabo esto nos hará encontrar el producto que satisfaga esa necesidad.

¿Qué ocurre si no estudio a mi público objetivo?
Muy probablemente el proyecto fracasará, o simplemente lo abandonarás por no encontrar ese segmento de público en el que tu producto puede triunfar. Dicho de otro modo, si no apuntas a la diana es imposible que des en el blanco. Y por muy bonita, rápida, o tecnológica que sea tu flecha nunca conseguirás hacer dinero con ella, que es de lo que se trata en este caso.

A la hora de escalar a la cima del éxito, a excepción de Apple que ha sido capaz de crear necesidades con sus productos, el resto de los mortales debemos adaptar lo que vendemos a lo que se necesita. Parece básico, pero es la piedra angular de todo proyecto de diseño.